viernes, 3 de abril de 2009

Democracia herida







¿ qué significa para el país la muerte de Alfonsín? ¿ cómo debemos entender la masiva manifestación popular que le siguió?.
la respuesta a la segunda pregunta nos permitirá acercarnos a la respuesta de la primera. aquel sentimiento que atravesó todo el fenómeno con especial intensidad fue un profundo dolor.
¿ de dónde surge, cuál es el motivo de tan intenso dolor?
Lo que se murió no es solamente un hombre, consumando de este modo, como cualqier otro hombre, el inexorable curso de la vida. Lo que se perdió es un símbolo. en tiempos de lamentable política como la de hoy, no podía surgir otro sentimiento ante la muerte de un hombre que ha representado la honradez y bondad de un sistema que hoy se nos aparece tan lastimosamente estragado por la acción indigna de hombres indignos.
La inviabilidad de los grandes designios que alumbraron su mandato, se debieron a aquella inadecuación insalvable, eterna tragedia de la vida, establecida entre lo que se dá y lo que se debe dar, entre la equidad y el ventajismo, en definitiva, entre la dignidad y lo indigno. Y sín embargo fue esta misma dignidad que boicoteo el éxito de sus designios, aquello que lo convirtió en un símbolo. Es la parte elevada del hombre que encuentra en él un ideal, quien se revela contra este destino.
Debe de decirse más. la incansable marcha de los acontecimientos nos sumerge cada día en una atmósfera menos salubre. lo que desaparece no es solamente el símbolo de un ideal individual, lo que desaparece es también el símbolo de otro tiempo. No hace falta ver, para percatarse de éllo, la mediocridad generalizada de nuestra dirigencia política. hoy podemos afirmar que desapareció con él el último de los grandes hombres que en el pasado existieron.
Lo que queda es, también, una sociedad extraviada que, vagando lastimosamente entre las sombras de nuestro tiempo pierde con élla la antorcha que lo haga capaz de orientarse entre tantas penumbras.
El padre de la democracia desapareció. pero esta exige de todos la necesidad de una sociedad responsable y más justa. Sea este el espacio que le quede a la acción de su legado en la consumación final del más difícil de los anhelos. Probablemente no sea este un deseo imposible de verse realizado en el ilimitado espacio de los tiempos.
Los grandes hombres pertenecen a la eternidad.